Esta mañana me despertó un ruidito de bolsas plásticas que se movían en la cocina. ¡un ratón! fue la primera idea que se cruzó por mi cabeza. Qué voy a hacer!!! yo solita...
Afortunadamente el ruido no era más que el resultado de un descuido doméstico. No cerré bien el congelador y se derritieron los hielos del dispensador. El ruido lo producían las gotas de agua cuando rebotaban en las bolsas con los congelados.
Tuve que limpiar la nevera y el suelo de la cocina, pero habría sido peor sostener una batalla con un ratón a primera hora de la mañana de domingo.
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2 comentarios:
Pobre mi niña, qué susto pasó. Menos mal que no fue nada, ya me imagino cómo te sentirías escuchando ese ruidito... qué horror.
jaja pobre Anita!!!! q susto me muero si es uno de esos bichos, besitos guapa!!!
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